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¿Rumbo a la hegemonía del oficialismo? La debacle de los partidos que marcaron la historia política en México

Destacado ¿Rumbo a la hegemonía del oficialismo? La debacle de los partidos que marcaron la historia política en México

Los resultados de las elecciones del pasado domingo muestran que el poder político sufre una drástica reconfiguración.

El partido que gobernó México durante siete décadas hoy apenas cuenta con tres de las 32 gubernaturas locales. El que aglutinaba a la derecha tradicional y que alcanzó la presidencia en dos ocasiones, se queda con cinco. Y el que representó durante algún tiempo a la izquierda, está al borde de la extinción.

Por el contrario, un partido registrado hace apenas ocho años gobierna el país y la capital, se impone en total en 22 estados y se encamina a una hegemonía de poder gracias, en gran parte, a la debilidad opositora que no encuentra forma de contrarrestar la popularidad del presidente Andrés Manuel López Obrador ni de convencer a la ciudadanía de que es una verdadera alternativa.

Estos son algunos de los principales saldos que dejaron las elecciones realizadas el pasado domingo en seis estados y que profundizaron la transformación política prometida por López Obrador, ya que su partido ganó cuatro de seis gubernaturas que estaban en juego.

Los comicios consolidaron una tendencia que reconfigura el reparto de poder en un país que, en poco más de dos décadas, pasó de un partido único a una alternancia de Gobierno que decepcionó porque no redujo la pobreza, la corrupción ni la impunidad endémicas, y que, además, sumó una guerra narco que exacerbó la violencia y provocó una crisis humanitaria con cientos de miles de muertos y desaparecidos.

La flagrante injusticia social abonó el triunfo de López Obrador en su tercera postulación presidencial en 2018. Tres años y medio después, la valoración positiva del mandatario sigue imbatible e influye en los triunfos del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), el partido que fundó en 2014 y que hoy ya es la fuerza política más importante del país.

Todo ello era impensable hace apenas 22 años, cuando el Partido Revolucionario Institucional (PRI) perdió por primera vez la presidencia. Menos verosímil era que, tiempo después, formaría la coalición Va por México junto sus rivales históricos, el Partido Acción Nacional (PAN, derecha) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD, izquierda), y que ni siquiera así iban a hacerle mella alguna a López Obrador.

Omnipotente

A diferencia de la mayoría de los países latinoamericanos, México no tuvo una dictadura formal durante el siglo pasado, sino un partido que monopolizó el poder por completo y al que era difícil encuadrar en una categoría definitiva de "izquierda" o "derecha", ya que en sus filas albergaba una diversidad de tendencias. Era "el partido oficial". Le cabía todo.

En 1929, los triunfadores de la Revolución mexicana fundaron el Partido Nacional Revolucionario que, 17 años más tarde, fue rebautizado como Partido Revolucionario Institucional, el famoso PRI que, desde entonces, se volvió todopoderoso. Aunque había elecciones formales, la verdad es que siempre tenía el triunfo garantizado, ya fuera por fraudes evidentes (incluso con robo de urnas a la vista de todos), por proscripción de la oposición, o porque solo se postulaba un candidato: el que decidía el presidente de turno.

El PRI estableció una cultura política antidemocrática que permitió que, de 1929 a 1994, todos sus candidatos ganaran la presidencia. Fueron 13 los políticos priístas que gobernaron durante 71 años. La alternancia era una mera simulación. El mandatario no podía ser reelecto, solo el partido.

Durante ese lapso, la hegemonía del PRI se replicaba en todos los niveles: en los poderes Legislativo y Judicial; en los gobiernos estatales, municipales. Era el partido omnipresente en todos los niveles. Parecía invencible.

Pero en la década del 80 el abroquelamiento que le daba la fortaleza al PRI comenzó a resquebrajarse. Y fue dentro de sus propias filas, cuando Cuahtémoc Cárdenas, hijo de Lázaro Cárdenas, uno de los presidentes más populares en la historia del país, decidió abandonar el partido oficialista y crear otro para postularse por su propia cuenta a la presidencia.

En esa aventura lo acompañó otro político llamado Andrés Manuel López Obrador, que también dejó al PRI.

"Dinosaurios"

La hegemonía del PRI ya era insostenible. El país exigía cambios, lo que permitió que en 1989 por primera vez en 60 años la oposición ganara una gubernatura. Fue el conservador Partido Acción Nacional (PAN), que, de la mano de Ernesto Ruffo, ganó las elecciones en Baja California.

De a poco, la oposición fue ampliando su presencia a lo largo del país. En 1997, por ejemplo, Cárdenas ganó la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. Pero el golpe definitivo llegó en el año 2000, con el triunfo del panista Vicente Fox que puso fin a la lista de presidencias priístas que, hasta entonces, parecía que sería interminable. Para la historia quedó la imagen de Ernesto Zedillo, el primer presidente priísta que reconoció la derrota de su partido.

Por los años que permanecieron en el poder, los priístas se ganaron el mote de "dinosaurios". Pero no se extinguían. En 2012, después de dos gobiernos panistas, volvieron a la presidencia de la mano de Enrique Peña Nieto. Fueron solo seis años más de poder, ya que en 2018 ganó López Obrador y desde entonces el debilitamiento del PRI ha sido imparable.

Hoy, solo gobierna en Coahuila y Estado de México, y acaba de ganar la gubernatura de Durango. En el Congreso, tienen 70 de 500 diputaciones y 13 de 128 senadurías. Casi nada queda ya del partido supremo.

Por derecha

En 1939, una década después de la fundación del PRI, nació el Partido Acción Nacional, el PAN que desde entonces representaría a la derecha en México. Durante sus primeras décadas de existencia luchó por la construcción democrática del país. Tuvo algunos logros, como en 1946, al obtener su primera diputación.

A pesar de que solo alcanzaba espacios de representación a cuentagotas, logró identificarse como el principal partido de oposición al PRI. En 1988, adquirió un papel mucho más preponderante al presentar al carismático Manuel Clouthier como su candidato a la presidencia. Por primera vez, la contienda parecía competida, ya que Cárdenas había sido postulado por el Frente Democrático Nacional.

Pero de nuevo ganó el PRI. Con sospechas de fraude permanente a cuestas, Carlos Salinas de Gortari logró colocarse la banda presidencial.

El boquete de la pluralidad política, sin embargo, se había abierto. En 1989, el panista Ernesto Ruffo se convirtió en el primer opositor al PRI en ganar una gubernatura. Una década más tarde, el PAN formó parte del bloque que desplazó por primera vez al PRI como mayoría en la Cámara de Diputados y en el Senado. El país se encaminaba al tripartidismo

En 2000, cambió la historia. Con el empresario Vicente Fox como candidato, el PAN ganó la presidencia. La alternancia democrática, por fin, se concretó, pero a la larga el autoritarismo y los escándalos de corrupción de su Gobierno terminaron por decepcionar a gran parte de la población.

En la recta final de su sexenio, Fox hizo todo lo posible para impedir que López Obrador se convirtiera en su sucesor, incluso respaldar a uno de sus máximos enemigos al interior del PAN. Así, las elecciones de 2006 las ganó otro panista, Felipe Calderón, quien, al igual que el priista Salinas de Gortari, asumió con la sombra de un fraude.

Además, comenzó una guerra contra el narcotráfico que derivó en la peor crisis humanitaria de la historia del país y que hoy todavía continúa. Las violaciones de derechos humanos por parte de las fuerzas de Seguridad y Armadas fueron una norma.

El desgaste de dos gobiernos de derecha que, contrario a sus promesas, no habían mejorado las condiciones de vida de la ciudadanía, se hizo evidente en las elecciones de 2012, en las que su candidata Josefina Vázquez Mota quedó en tercer lugar con el 25 % de los votos. En 2018, el candidato panista Ricardo Anaya tuvo todavía menos: el 22 %.

Actualmente, el PAN solo gobierna los estados de Chihuahua, Guanajuato, Querétaro y Yucatán, y después del domingo, sumará Aguascalientes. En el Congreso, tiene 113 de 500 diputados y 23 de 128 senadores. Y ningún dirigente con prestigio.

Por "izquierda"

Otra tajante transformación con respecto a la representación política es la del Partido de la Revolución Democrática, el PRD que Cárdenas, López Obrador, Ifigenia Martínez, Porfirio Muñoz Ledo y otros históricos dirigentes fundaron en 1989 para erigirse como la opción de izquierda frente al PRI en su época más neoliberal, y el conservador PAN.

Su crecimiento electoral fue acelerado. En 1997, Cárdenas ganó la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México y luego se postuló dos veces a la presidencia. Desde entonces, ni el PRI ni el PAN han logrado imponerse en la capital.

De manera paralela a su penetración electoral a lo largo del país, que en 2000 incluyó la victoria de López Obrador como sucesor de Cárdenas en la Ciudad de México, el PRD enfrentó una serie de fuertes divisiones y peleas internas que tuvieron su capítulo culminante en 2012, cuando el actual presidente anunció su separación definitiva del partido.

Uno de los principales motivos fueron la traición de parte de la dirigencia perredista de los ideales de justicia social prometidos desde su fundación; su cercanía a veces con el PRI, a veces con el PAN; y su prioritaria ambición por cargos y poder. La escisión, que también provocó la renuncia de Cárdenas, provocó que gran parte de la militancia siguiera a López Obrador en la creación de Morena.

El desprestigio del PRD y la decepción que generó en los movimientos progresistas se acentuaron en 2018, cuando, con tal de negarle su respaldo a López Obrador, apoyó la fracasada campaña presidencial de Ricardo Anaya, el candidato del PAN.

Es tal el desgaste político que ya nada queda de esta ambiciosa construcción política. Hoy solo cuenta con magras bancadas de 16 de 500 diputaciones y tres de 128 senadurías.

En 2020, PRI, PAN y PRD formaron la alianza Va por México, que ha sido calificada como una especie de 'Frankenstein' debido a la inverosímil mezcla de partidos con historias e ideologías tan disímiles que tienen por único objeto minar el poder de López Obrador y de su partido.

Hasta ahora, no lo han logrado y, por los resultados obtenidos, parece improbable que lo consigan en las presidenciales de 2024.

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